Cómo suena el viento

¿Qué oímos realmente cuando oímos el viento? Si pasas de un bosque a un campo abierto, el sonido cambia, aunque sea el mismo viento el que sopla sobre ambos. Un abeto lejos de la costa hace que el viento suene como un mar embravecido, mientras que un abedul deshojado produce un soplo tan sutil como las escobillas de un baterista de jazz. Una sola ráfaga puede convertir el cableado telefónico o las alambradas en cuerdas de un arpa de viento.

 De hecho, lo que oímos es aire en movimiento chocando –tocando, en el más puro sentido musical- con la superficie terrestre. Es la hierba la que canta y los árboles los que susurran. Cuando el viento sopla, cada cosa crea sus sonidos característicos, del oleaje del mar a las dunas del desierto, de las montañas a las grandes capas de hielo, de los edificios a los cables que los interconectan. Pero lo hemos simplificado (lo llamamos sencillamente viento, en el deseo de condensar en una sola palabra un gran cantante y todas sus canciones). Imaginad, no obstante, que pudiésemos conseguir una entrevista con la fuente, audiencia con el viento. ¿Sería posible oír el solo? ¿Podríamos, de algún modo, escuchar cómo suena el viento para sí mismo, en sus propios oídos?

 

Tim Dee es naturalista, productor de radio y escritor. Protagoniza el reciente documental de la BBC titulado Into the wind, en el que narra su búsqueda incansable por registrar el sonido de la Tierra que para él representa el viento. Mientras busca encontrar el sonido más puro del planeta -aquel del viento que le encuentra como primer obstáculo en mil millas de viaje a ras del suelo- explica cómo ha pasado gran parte de su vida observando aves y cómo éstas, en su baile aéreo, le hicieron interesarse por lo que ahora se ha convertido para él en el nuevo motivo de sus paseos interminables por la naturaleza.

Grabar el sonido del viento es el gran desafío para quienes tienen los micrófonos como herramienta de trabajo. En un soplo levemente más fuerte de lo esperado, en un ángulo equivocado o con la protección insuficiente, el viento puede saturar el micrófono, arruinando todo intento de grabación. Así que, podríamos decir que, a pesar de las herramientas y técnicas posibles, grabar el viento parece casi tan quimérico y delicado como preservar pompas de jabón o construir, con afán de durabilidad, castillos de naipes. Es poético el trabajo de este experimentado técnico de radio y televisión, en su utopía e introspección. De las palabras arriba citadas, que publicaba hace una semana en el diario The Guardian, me quedo con esa incógnita: ¿cómo sonaría el viento de no ser por cuanto encuentra a su paso?

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