Nuevo año

Cada Año Nuevo, pasado el alboroto de la víspera, el mundo celebra en silencio que el planeta dio una nueva vuelta al sol. Paradójicamente, el punto al que en apariencia retorna nunca ha sido tal, pues, como nos indican las teorías físicas que hasta hoy hemos convenido, debido a la constante expansión del universo, ni siquiera la posición del propio sol es la misma dos veces en el espacio. Así que, en realidad, podríamos puntualizar que lo que conmemoramos es la transformación que produjo en nosotros el tiempo que la Tierra tardó en recorrer una distancia tan simbólica hoy como irrelevante lo fue hasta la llegada de Copérnico.

Marina Lozano Lax

Al menos en lo que al ámbito personal se refiere, el Año Nuevo suele ser propicio para valorar los cambios de concepción sobre nuestro mundo y sobre el lugar que en él ocupamos. Nuestros propósitos, que a menudo suelen debilitarse con el paso de las primeras semanas, denotan cuanto esperamos mejorar en lo venidero, o dicho de otro modo, qué entendemos por necesario en la vida para contribuir a nuestro bienestar y realización. Para enunciar nuestro deseo debemos antes ponerle un nombre a la realidad que conocemos, saber cómo queremos que llegue a llamarse y descubrir lo que supondrá recorrer el camino que nos lleve de la posibilidad al hecho, incluidos imprevistos y azares, tan ingratos cuando no alcanzamos a entenderlos. Tan simple, tan complejo.

Por lo que a mí respecta, 2016 ha sido un año pródigo en silencios desasosegantes que me han invitado a practicar la meditación, un ejercicio estupendo para no dejarse dominar por el torrente de ideas inherentes al pensamiento, para reconocerse en el justo lugar que ocupamos entre nuestros iguales, para aceptar los hechos irrevocables y reconsiderar los valores que nos confunden en nuestra ocupación diaria, más provechosa cuanto más cuantificable. Digo esto porque con cada meditación he creado una nueva oportunidad de proyectar un propósito, que al final no es sino el mismo que pronuncio hoy: el de lo que quiero hacer con el tiempo que me ofrece cada nuevo día, el de reconocer la gracia de cada detalle y cada presencia dada en ese tiempo, el de los buenos deseos expresados gratuitamente, aun en el silencio descansado de un 1 de enero.

Con el amanecer del nuevo año llega esta reflexión. Que 2017 sea el tiempo de encontrar las palabras exactas, las que nos lleven de vuelta a ese punto relativo en el espacio, donde nos veremos inevitablemente envejecidos, pero también –una vez más- renovados. Nos lo dice Valente en una de sus estrofas:

Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s