Alquimia

Es gratificante entregarse a la labor de la cocina. No en la rutina necesaria de alimentarse, sino en el mero placer de crear algo para uno mismo y –aún mejor- para aquellos con quienes se compartirá.

Hace tiempo que pienso si cocinar no es, quizás, una pequeña praxis filosófica de la vida virtuosa. La cocina se experimenta en las manos, en el contacto directo con la materia de la que nos nutrimos, de la que estamos hechos. Su práctica apacigua los pensamientos profundos, precisa paciencia, motivación, conciencia de las propias capacidades y limitaciones, además de representar un reto de aprendizaje y una oportunidad permanente de ser creativo.

Preparar los ingredientes, elaborarlos, esperar los tiempos que requiere su transformación… Un proceso, a medio camino entre la Química básica y el “duende” que impide explicar por qué una misma receta no resulta igual dos veces, ni tampoco igual a dos personas distintas.

Y es que la cocina nos devuelve a lo humano y a lo social, no sólo en la necesidad de reconocer la tierra de la que obtendremos nuestros productos o en el hecho de reunirse en torno a una mesa para consumirlos, sino también en el de transmitir los conocimientos y las experiencias de una generación a otra. En la vivencia de que, ante los desaguisados, no cabe enmienda sino aceptación; de que ante los resultados satisfactorios se sucede el deseo de compartirlos con alguien más, poniendo en valor la virtud de quien quiere ofrecer lo mejor de sí mismo.

Libro de recetas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s