Hábitos y asombros

Conforme van pasando los años entiendo mejor el valor del hábito en la configuración de mi mundo. Las búsquedas que se dan en mi día a día como fruto de la curiosidad fueron motivadas en gran parte por mis padres. Ellos me ponían libros entre las manos antes incluso de saber leer, con la certeza de que un día adoptaría ese gesto de manera voluntaria. Escuchaban música de todo tipo sabiendo que quizás así, aún en la lejanía de un poblado gallego, podrían despertar en mí ese talento. Paraban en cada viaje a ver los museos del lugar, con la esperanza de que yo acabase desarrollando ese interés por las obras del pasado. Y hoy veo que todo eso, a pesar de las discordancias y los derroteros, ha sucedido, y que sus propósitos han creado en mí un hábito que es tan fundamental como hablar o caminar.

Digo esto porque recientemente me ha ocurrido, al salir de un museo, recordar a mi madre en ese tiempo reflexivo, casi poético, que se tomaba después de ver una exposición y tras el cual acababa resumiéndolo todo en una única pieza que declaraba su preferida sin poder explicar muy bien por qué. Ella decidía que la pieza escogida sobreviviría al olvido, y así la rememoraba en voz alta unas cuantas veces durante las horas sucesivas a la visita en cuestión, como quien invoca a un espíritu. “Ese cuadro de Modigliani, esa escultura de Botero”…

Me lleva pasando esto un par de semanas con un cuadro que no es en realidad tal cosa. Quiero decir, que es una parte de un cuadro pero que nadie ve así porque se encuentra oculto tras otras figuras. Como mi madre, tampoco sé explicar muy bien por qué me ronda la cabeza, pero sí que me produce cierto extrañamiento y alucinación. Hoy he encontrado una reproducción de esa imagen en un documento institucional que detalla las técnicas de su restauración. Se trata de un estudio del espacio que Tintoretto inició como parte de la obra que acabaría siendo El lavatorio en el año 1549 y que ha sido reconstruido mediante tratamiento digital de imagen.

Quien explicaba el cuadro pormenorizaba el proceso creativo de Tintoretto al pintarlo, y mientras yo observaba absorta la recreación de este espacio vacío de personajes le oía insistir en la pregunta “¿qué estamos viendo?” y en el término “mentira visual”. Es como si se me hubiese grabado a fuego en las retinas. Con esta imagen se me arremolinan esas palabras y esa maldita fecha: 1549. Me parece increíble, ¡ese no-se-sabe-qué de Tintoretto!

Estudio de El lavatorio

2 comentarios en “Hábitos y asombros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s